La noche que reventó la caldera

Estoy completamente callado y con los ojos muy abiertos, recostado y tratando de no moverme, mirando hacia el techo. Es la mejor manera de escuchar los silencios de la noche. Palabra. Solo se escuchan las respiraciones entrecortadas y el rezumbar de los grillos.
Aunque pareciera que todo es silencio y oscuridad, realmente las noches por acá son muy movidas. A lo lejos se escuchan los ladridos de los perros. De seguro le deben ladrar a algún parrandero que apenas va para su casa. Cuando sea grande me tocara también andar por la noche después de alguna pachanga . Ahora no puedo porque me regañarían. Además me puede robar un roba chicos.
Aparte de los perros lo que más se escucha son los grillos. Y el ruido de los tubos de la fábrica cuando caen o cuando ruedan. Quizá ese es el mejor de los sonidos. Me arrullan porque me hacen pensar que la vida sigue, que mientras duermo hay personas que siguen trabajando, que sigue el movimiento y que cuando despierte al día siguiente me daré cuenta que aún no ha llegado el fin del mundo.
Se me olvida decir que vivo muy cerca de una fábrica. Una fábrica de tubos. Creo que por eso siempre ando activo. Al menos eso dice mi mamá. Siempre suena la sirena de los trabajadores a la misma hora, entonces dice que debemos acostarnos, que ya es tarde, que solo los adultos pueden estar despiertos a esas horas. Pero lo que no sabe es que luego de que me acuesto tardo mucho en dormirme. Trato de cubrirme el cuello por aquello de las dudas, aunque sé que no existen los vampiros. Pero nunca se sabe. No puedo evitarlo y solo me siento mejor si siento algún trapo sobre mi cuello. Después me empiezo a arrullar. Y es cuando empiezo a escuchar lo que normalmente suena pero no se oye.
A esa hora los obreros del tercer turno van a la fábrica. Cuando le toca ese turno a mi papá, me imagino con mi imaginación que va camino para el trabajo y que cuando pasa por el campo los perros le ladran. Me imagino que el camina sin hacerles caso y así llega hasta la fábrica. De seguro solo los grillos y los perros lo acompañan porque sus compañeros prefieren esperar el pasaje que pasa a recogerlos. Me gustaría caminar en la noche como el, pero él dice que no, que debo estudiar para ser alguien en la vida. Dice que sea político, aunque luego cuando reniega de la política y dice que son unos ladrones, entiendo que tampoco debo trabajar de político, que solo lo dice por su desesperación de que no tenemos dinero.
clip_image002Ya después de imaginar tantas cosas y escuchar a la noche, me empieza a ganar el sueño. Así es siempre. A veces me acuerdo de la noche del día que murió mi hermana, pues vuelvo a ver esas bolitas como transparentes flotando en el ambiente. Ahora ya no me da miedo. Al contrario. Me gusta recordarlo porque siento que está muy cercano el día en que todavía estaba viva. Que me acaba de dar mi leche y que tiene poco que acaba de estar conmigo. Hasta cierro los ojos fuertemente, porque sé que al abrirlos voy a ver muchas bolitas transparentes. Hagan la prueba un día, o mejor dicho, una noche, pero debe ser una noche muy oscura.
Ya casi para dormirme empiezo a pensar cosas locas. De seguro es porque ya el cerebro está relajado. Eso me dijo un día mi hermano mayor, que no me espante por lo que piense cuando esté por dormirme, que es natural. Una vez pensé que mi mamá era una sandía. Que se la llevaban y yo empecé a llorar porque no quería que se la llevaran. Entonces él se dio cuenta de que estaba llorando y fue cuando me dijo que el cerebro es el que controla todo nuestro cuerpo y como él sabe mucho, le creí. Por eso desde entonces trato de no pegarme en la cabeza. No quiero volverme loco.
Así estaba esa noche, -la que les quiero contar-, como ahorita, tratando de dormirme. Entonces sonó muy fuerte una explosión. Nada más me senté sobre la cama y vi que mi mamá y mis hermanos salían a asomarse. Los seguí y lo que vimos fue una humareda enorme por allá por la fábrica. Había fuego y de seguro había pasado algo grave, porque mi mamá se persinaba y mis hermanos decían pa´ la mecha.
Yo también lo dije. Escuchamos al poco rato a los bomberos, también sonaron las patrullas. Un vecino que trabaja ahí nos explicó que quizá era por la zona de calderas, pero que no se veía muy grave. Eso me tranquilizó, porque yo creía que el fuego iba a hacer que explotara la fábrica completa. En ese momento no me acordé, pero mi papá estaba trabajando y de seguro por eso mi mamá estaba preocupada más de la cuenta.
Ya al otro día mi mamá compro el periódico y nos enteramos bien. Lo leí detalladamente pues ese es uno de mis fuertes: leer el periódico cuando lo compran. Leí que habían muerto 3 personas calcinadas por una caldera que reventó. Hasta ponían lo foto de uno. Mi mamá decía que era fulano de tal, pero yo no daba con esa persona. De todos modos que en paz descanse. Mi mamá me decía que no viera la foto, no fuera a ser que después no pudiera dormir por las pesadillas. Lo que no sabe es que eso no me afectó en nada. De hecho ahorita tengo demasiado sueño y estoy por dormirme. Solo escucho -como dije al principio-, a los perros ladrar a lo lejos y las chicharras. Sigo con los ojos abiertos mirando al techo y pensando que pasará cuando sea grande. De seguro algún día me acordaré de lo que estoy pensando ahorita y lo escribiré en una libreta.

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Reflexiones de una mente atormentada